Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en marzo de 2026, el costo de la canasta básica aumentó 7.9 por ciento en el ámbito rural y 8.1 en el urbano durante el último año, lo que significa que hoy se requieren más de ocho jornadas laborales completas —es decir, más de un mes de salario— para cubrir exclusivamente la alimentación de una familia durante 30 días.
En abril, el organismo oficial fijó en dos mil 599 pesos el ingreso mínimo mensual que necesita una persona en la ciudad para adquirir lo indispensable.
En el campo, esa cifra se reduce a mil 966 pesos. Sin embargo, la realidad rebasa los números: mas de la mitad de los habitantes de zonas rurales ni siquiera alcanza los mil 900 pesos al mes, lo que convierte la subsistencia en una ecuación imposible.
Impacto económico
El impacto se siente en cada puesto del mercado. Mientras la carne se mantiene en un rango de 240 a 280 pesos por kilo —aún más barata que en los supermercados—, el golpe más duro ha llegado de la mano de los vegetales y cítricos.
Productos como el tomate, básico en cualquier cocina, han llegado a los 55 pesos el kilo, y el limón, infaltable en la gastronomía chiapaneca, ya se vende hasta en 60 pesos por kilogramo. Frutas y verduras se han convertido en artículos de lujo para muchas familias.
Caída en las ventas
Este panorama está dejando huella en el comercio local. En los principales mercados de Tuxtla Gutiérrez, los vendedores reportan caídas en sus ventas que oscilan entre el 60 y el 70 por ciento.
Los clientes ahora compran menos piezas, eligen con calculadora en mano y priorizan lo mínimo para sobrevivir. La lógica del “llevo dos, no cuatro” se ha vuelto la norma.
Aunque el salario mínimo subió 13 por ciento en términos nominales, el desbocado incremento de los alimentos —en especial frutas y verduras— ha diluido por completo ese avance.












