“No sabía que costaban tanto y, a decir verdad, ni siquiera yo pagaría ese precio”, confesó el presidente estadounidense, Donald Trump, al reconocer que desconocía que los valores de las entradas para el estreno de la selección nacional en el Mundial que su país organiza junto con México y Canadá podían llegar a costar hasta mil dólares en promedio.
“No conocía la cifra. Me alegra poder estar ahí, pero no pagaría ese dinero”, destacó el magnate en una entrevista con el “New York Post”, cuando le comentaron que ese sería el precio que pagarían los aficionados estadounidenses para alentar a la selección entrenada por Mauricio Pochettino en el debut frente al Paraguay del también argentino Gustavo Alfaro, el 12 de junio en el SoFi Stadium de Inglewood, California, con capacidad para 70 mil almas.
Las declaraciones de Trump contrastan con la defensa a capa y espada que realiza el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, muy cercano últimamente al mandatario estadounidense, respecto del sistema de precios dinámico que impuso la entidad en relación con las entradas de la Copa del Mundo que se pondrá en marcha el 11 de junio en el Estadio Azteca con el duelo entre México y Sudáfrica, que reedita el partido inaugural de Sudáfrica 2010 en Johannesburgo.
“Debemos mirar al mercado porque en el que operamos el sector del entretenimiento es el más desarrollado del mundo y, por ende, debemos aplicar las tarifas del mercado”, explicó Infantino en la “Milken Institute Global Conference”, en declaraciones que recuerda el “New York Post” del directivo a un mes y medio del inicio del torneo ecuménico que será el primero de la historia que animarán 48 selecciones.
El mismo mercado al que apela Infantino, al menos por ahora, parece darle la espalda al Mundial en lo que refiere a las reservas hoteleras, que están muy por debajo de las expectativas en varias ciudades estadounidenses, en once de las cuales se jugarán 78 de los 104 partidos del certamen, “radiografía” que confirma que Estados Unidos no es un país futbolero y que su público prefiere el básquetbol, el béisbol y el football americano por sobre el fútbol.












